55. Guerras.
Cerró los ojos cuando las manos grandes y masculinas bajaron por sus brazos, desde la cintura la pegó más a su cuerpo elevándola en puntillas cuando cruzó uno de los brazos por la misma, pero el cuerpo femenino tirito de alguna manera en el momento que la otra mano comenzó a subir despacio su delicado vestido.
La piel reaccionaba, lo hacía erizándose, pero el corazón agitado lanzaba una señal de alerta. La música del evento parecía ser perfecta para camuflar cualquier gemido que pueda escaparse