—Algún día me entenderás, yo no crítico tu devoción por Gael, entonces tú no cuestiones mi lealtad.
Dejó la maleta en el suelo y me acarició el rostro, en ese momento su mirada de resignación y dolor me envolvió.
Tanto me sacó de contexto que sentí vergüenza, el dolor me había cegado y estaba ignorando que él también estaba sufriendo.
—Está bien, vete. En cuanto llegues llámame.
Sentí su tierno beso en mi mejilla, y el suave susurro de sus palabras a mi oído.
—Espero que me entiendas y no guar