No me gustan las despedidas, aunque me muestro frío y distante por dentro estoy quebrado.
Que piense el marido de mi hija que me ha vencido, me imagino su cara de sorpresa cuando vea que no esperé la última dosis de su veneno.
En espera de los médicos mi sobrino y Arya todavía me acompañan. La miré a los ojos y sentí una opresión en mi pecho.
Los guardaespaldas de confianza traen una silla de ruedas, yo pedí que no quería salir acostado en una camilla.
Ironías que tiene la vida, el hombre poder