La noche avanzaba, y mientras las risas y la música seguían fluyendo desde el jardín, Carttal y Aslin decidieron alejarse un poco de la multitud. Caminando despacio, llegaron al balcón que se encontraba en el piso superior de la mansión, donde podían ver las estrellas resplandeciendo en el cielo limpio, sin el bullicio de la fiesta que los rodeaba.
Aslin se recostó en la barandilla, mirando hacia el horizonte, disfrutando del fresco aire nocturno que acariciaba su piel. Carttal la observó en si