¡Está todo terminado! II
Él rió. Al principio, una risa forzada. Luego, carcajeó. Pero aquella carcajada no tenía ni una pizca de humor:
— ¿Dejas que tus amigos te den chupetones? ¡Eso es muy interesante!
— Fue sin mi consentimiento.
— ¿Hiciste una denuncia formal?
No me creyó, obvio.
— No, no la hice. Porque Michael es amigo de la familia.
— ¿De verdad quieres convencerme de eso?
— No te debo explicaciones, señor Asheton — qué difícil era referirme a él como “señor”, cuando en mi mente ese hom