UNA PRESENTACIÓN A LA ALTURA
Davi sonrió con picardía, siguió con su manita en la mía y con la otra tomó la de su padre, y así entramos juntos en la casa. ¿Extraño? Mucho. Pero tratándose de los Asheton, nada tenía que tener demasiado sentido. Padre e hijo tenían cambios de humor. Y sabían dar amor y cariño al mismo tiempo que herían profundamente.
¿Yo? Sin salida. Atada a Enzo Asheton probablemente por el resto de mi vida. En el mejor de los casos, por trece años, hasta que Davi alcanzara la m