David estira la mano y desabrocha mi sostén, lo retira lentamente. Sus ojos muestran un destello cuando los fija en mis pechos. Se inclina hacia atrás y me inspecciona, ahueca uno de mis pechos en su mano.
Mi respiración se tambalea cuando mis nervios toman el control, y trato desesperadamente de controlarlo, pero es inútil.
—Son más grandes de lo que recuerdo —admite.
¿Acaso ha pensado en mis pechos?
Me sorprende cuando se inclina y se lleva uno de mis pezones a su boca y comienza a saborearlo