Ha llegado el viernes y desde aquel día no he vuelto a hablar con David. Nuestros encuentros se redujeron a breves momentos en su casa, generalmente cuando estaban presentes sus hijos. Otras veces, se encerraba en su despacho y no salía hasta altas horas de la noche. Empecé a tener sospechas de que me estaba evitando de nuevo, pero las deseché como ideas absurdas.
Sin embargo, mis dudas se disiparon esta mañana cuando me mando a llamar para que fuera a su despacho antes de irse al trabajo. Llam