62. Lo siento, mamá
Ella no perdió la oportunidad de subírsele encima y comenzar a darle golpe tras golpe como si fuera una chica de las calles más marginadas del país. La madre de Michael trató de que los golpes no fueran a parar a su rostro y que la sangre no saliera de su nariz y labio, pero ella no podía con todo.
Alguien la tomó de las caderas, alejándola de la mujer y el mismo hombre de la otra vez ayudó a la omega a ponerse de pie.
— ¡Suéltame! —gritó Charlotte, enojada—. ¡Voy a matar a esa perra!
— Cálmate