El resto del día nos lo pasamos sin sombra en la casa.
No sabíamos qué hacer, mi cabeza me hacía escuchar los llantos de los gemelos a cada rato solo para recordar que era imposible porque no estaban ahí con nosotros.
La calma nos estaba matando lentamente. Estuvimos un buen rato sentados en el sofá del salón principal mirando la tele sin verla realmente.
Mis ojos estaban perdidos en el abismo al igual que los de Alex, probablemente pensando en alguna forma de recuperarlos lo ante posible.
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