54. Tonta.
—Lo sé mi niña, sé que esa gente merece la muerte, pero no puedo permitir que tú te manches las manos de sangre, mucho menos con la de esa clase de personas. Por favor prométeme que vivirás tu vida como una persona normal y que dejaras el rencor de lado, no hay nada que envenene más el alma que el rencor.
La abuela de Fleur seguía llorando tratando de hacer que su nieta no cometiera el mismo error de sus padres y de ella misma. Dejarse llevar por el dolor y por la avaricia.
Esas dos cosas eran