ADRIAN
La mesera aparece nuevamente con una bandeja cargada de aperitivos y una nueva ronda de moonshine. Apenas deja los vasos sobre la mesa, le guiña un ojo a Francis y, de manera sospechosamente conveniente, tropieza justo al pasar junto a él. Termina sentada sobre sus piernas con una pequeña exclamación exagerada.
Hay una diferencia abismal entre Francis y yo.
Él es mucho más educado.
Por eso, en lugar de apartarla de inmediato como probablemente habría hecho yo, le sonríe con amabilidad y