Benedikt
—¿Lo acompañamos jefe? —inquiere uno de mis hombres en cuanto cruzo la puerta.
—No es necesario, prefiero que se queden a vigilar.
Me encamino a la cochera donde ya espera uno de mis autos y subo sin perder tiempo, deseando escapar hasta de mis propios pensamientos. Manejo a toda velocidad sin saber qué hacer con la información que descubrí hoy, no deseo que la vida de Ana peligre, pero tampoco me siento con el derecho de destruir esa nueva ilusión que crece en ella.
—¡Maldita sea