Elena
El trayecto hasta la oficina se sentía como navegar por un campo de minas donde las minas eran invisibles, pero la presión era muy, muy real. Mientras me abría paso entre el tráfico matutino de Chicago, la luz del sol se sentía abrasiva contra mi piel, demasiado brillante para el oscuro y dentado desastre en que se había convertido mi vida.
Mis ojos no dejaban de desviarse hacia el espejo retrovisor con una precisión rítmica y paranoica que me hacía doler el cuello. Ya no solo comprobaba