—Me estoy quedando sin rabia para esa noche —repetí, porque necesitaba decirlo en voz alta otra vez, como si así pudiera entenderlo.
Sofía dejó el celular a un lado.
—Te queda rabia para los años después. No te preocupes, tu inventario sigue surtido.
La miré entre los dedos.
—No es gracioso.
—No, pe