Solté una risa temblorosa contra su cabello.
—Igual te extrañé.
Mateo me palmeó la espalda con torpeza, como si fuera él quien tuviera que consolarme. Ese gesto me desarmó más que cualquier pregunta de Damián. Porque ahí estaba lo que yo defendía. No una mentira. No un secreto caprichoso. Defendía e