—Lo haré.
—Entiendo que la situación es incómoda, señora Montes. Pero nuestro deber es verificar.
Asentí.
—Lo entiendo.
Y lo entendía.
Eso era lo peor.
Cuando se fueron, cerré la puerta con cuidado.
Luego me quedé inmóvil.
Sofía se acercó.
—Val…
—No.
—Amiga.
—No llores, no llores, no llores —me dije