Me quedé callada.
Eso sí servía.
Eso no me quitaba lugar.
Eso no me convertía en apéndice de su poder.
Eso sostenía.
—Sí —dije al fin—. Eso.
—Lo haré hoy.
—Y Damián…
—Dime.
—Si tu madre intenta tocar a mi hijo, no voy a ser prudente.
Su voz cambió.
—No vas a tener que enfrentarla sola.
Quise decirle