Me quedé callada.
Porque tenía razón.
Todo este tiempo mi dolor había estado mirando a Isabela. A su cabello suelto. A la camisa. A esa sonrisa mínima que me hacía querer romper el celular contra la pared. Pero Sofía estaba mirando el mecanismo. Y el mecanismo olía a trampa. A escena preparada. A ve