Él lo notó.
—¿Tienes frío?
—No.
—Valeria.
—Un poquito.
Se quitó la chaqueta y me la puso sobre los hombros antes de que yo pudiera pelear demasiado.
—No empieces con actos de caballero intenso.
—Tienes frío.
—Podría sobrevivir.
—No lo dudo. Pero también puedes tener chaqueta.
Me quedé callada porque