No pude evitar reírme. Fue una risa suave, cansada, pero real. Me senté en el sillón de al lado, recogiendo las piernas debajo de mí. Por un rato solo escuchamos la lluvia. La casa estaba en penumbra, con la luz de la cocina encendida y la nevera llena de reglas vigilándonos desde el otro lado.
—Hac