—Puedes quedarte —dije.
Se quedó inmóvil.
La lluvia golpeó más fuerte la ventana.
—¿Estás segura?
Respiré hondo.
—No hagas que lo repita muchas veces porque me da miedo.
Damián bajó la mirada un segundo, y cuando volvió a mirarme, no había triunfo en su cara. Solo cuidado.
—No quiero que sea por Mat