Tragué saliva.
Esa era la pregunta. La verdadera. La que yo habría evitado con un chiste si todavía tuviera fuerza para seguir escondiéndome.
—Porque sí quiero —admití—. Ese es el problema.
Damián se quedó quieto, y por primera vez desde que lo conocía no vi ninguna intención de celebrar una pequeña