Quería que él me bajara al suelo, pero en lugar de eso, me llevó entre sus brazos hasta donde yo le indiqué que era mi habitación.
La abrió con cuidado y entramos, luego la cerró con el pie.
Sentía que tenía mi corazón en la garganta; ¿realmente esto estaba sucediendo?
No podía creerlo. Leonardo era un hombre muy apuesto y en este momento estaba a punto de hacerlo solo mío.
Le pedí que me bajara al suelo y caminé hacia el interruptor de la luz, decidida a apagarla. Pero él me detuvo con su voz