Caminaba de un lugar a otro desesperada en la celda que la había llevado la policía, sin comprender cómo la habían encontrado tan rápido. ¡Alguien tuvo que delatarla! De seguro eran los últimos mafiosos que habían llegado cuando los había llamado el jefe. ¿A quién podría llamar ahora para que la ayudara? Conocía los secretos de muchos hombres influyentes, pero estaba segura que no irían detrás de los Sardinos y mucho menos de los Thompson.
—Tiene visita.
Le avisó un guardia dejando pasar a un