Desde la vez que fue a parar al hospital sin comprender cómo lo había hecho. A Susan le entró un terror horrible a salir de la casa. Se la pasaba todo el tiempo bordando o tocando el piano, y solo en ocasiones le daba por ir al puerto y sentarse a mirar aquel hombre, que tanto le llamaba la atención y la hacía sentir feliz sin comprender por qué. Y lo hacía acompañada siempre de la señora que la cuidaba, que le decía.
—¿Por qué no va a hablar con él? De seguro te llevarás una sorpresa.
—No,