Corre acompañada por la acera, del que dice ser su prometido, y un poco más atrás varios hombres, así como un carro va despacio por la calle. Ella que quería pasar inadvertida, está haciendo el centro de todo el que pasa por el lugar y la mira. Se detiene furiosa y se sienta en un banco con su prometido al lado.
—¿Tienes que andar con toda esa gente alrededor? — pregunta furiosa.
—Son los guardias de seguridad, no quiero que te vaya a suceder nada. Cuando se enteren quién soy, estarás en