118. SE HIZO REAL
—Sí, sigue, sigue amor, no pares, por favor, no pares…
Y su miembro se acomoda en mi entrada, me tenso asustada. Pero me besa mi boca apasionadamente, mientras sus manos recorren mi cuerpo. Poco a poco, se va introduciendo en mi apretada cavidad. Siento un ardor, mezclado con dolor. ¡Como mi primera vez! Un grito ahogado se escapa de mi garganta. Se detiene, y me mira asombrado.
—¿Te duele, amor? ¿Quieres que pare? ¿Seguro estás bien? Podemos hacerlo cuando estés lista.
—¡Estoy lista, estoy lis