—¿Por qué hiciste esto? —me preguntó él de una manera amenazantemente lenta, seguramente queriendo intimidarme con esos ojos intensos fijos en mí.
Demonios, los lobos son muy guapos.
¿Acaso estaba en sus genes?
Mi respuesta a él fue un sonrisa burlona.
Acabo de decidir que si no quiere dejarme ir voy a hacerle la vida difícil.
—Porque necesitas relajarte un poco y el agua ayuda con eso. No me des las gracias.
Él miró mi sonrisa brillante que estuvo a punto de extinguirse por su mirada letal.
—¿