En mi estómago revolotearon las mariposas creando sensaciones en mí jamás experimentadas.
Su aliento acarició mis mejillas mientras que se acercaba.
Aidan me lo había advertido pero no estoy segura de qué hacer.
Coloqué mis manos sobre sus hombros pero no lo empujé.
Incluso aferré mis uñas a su camisa.
Sus ojos me devoraban con la mirada al mismo tiempo que mi corazón se aceleraba.
—Tu aroma me está matando pequeña, casi tanto como tu baile, hueles jodidamente bien.
Su voz sonó rasposa.
Masculi