Capitulo 28. El perdón
Damián al día siguiente de haberse embriagado hasta no poder más, se levantó con un dolor de cabeza tan fuerte, que parecían clavarle pequeños golpes con martillos en la cien.
Se levanta de la cama muy desorientado y se desliza hasta la cocina por un vaso de agua. Ahí se encuentra a Tania sirviendole un poco de sopa.
—Buenos días, dormilón— irónicamente.
—¿Buenos? Son terribles.— quejándose por el dolor de cabeza.
—Eso pasa cuando bebes tanto alcohol como si tuvieras veinte recién cumplidos. Ya