Julia se sintió un poco avergonzada.
—Gracias por llevarme a casa.
—De nada. Por cierto, envié tu coche para que lo revisen. Te contactaré cuando esté reparado.
—Realmente te molesto mucho.
—Es solo un pequeño favor— sonrió Daniel.
Era tan eficiente en todo lo que hacía.
Julia solo tenía una última cosa que decir:
—¡Gracias!
Cuando llegaron a Villa de Oro, Daniel estacionó el auto y miró la villa de estilo minimalista. Sus pupilas estaban muy dilatadas.
—¿Vives aquí?
—Sí, gracias por llevarme