Laura tenía unos ojos claros como un lago, y sentada allí, parecía una hada de cuento. Su esposo de vez en cuando le servía comida, preguntándole si le gustaba, con una mirada rebosante de cariño. Era evidente que se llevaban muy bien.
— ¿Te aburres un poco? — preguntó Laura a Julia.
Julia asintió.
— ¿No entiendes de lo que hablan, verdad? — sonrió Laura.
— No — admitió Julia con sinceridad.
Laura entonces entabló una conversación con ella.
Julia se enteró de que eran de la ciudad del sur y habí