Julia había venido con la intención de engañarlo, pero ahora, frente a él, se sentía afligida. Llena de angustia por haber sido manipulada así, sintiéndose impotente, su corazón rebosaba de dolor y amargura. Antes de poder decir algo, sus ojos se enrojecieron.
—¿Por qué lloras? —preguntó Andrés, mirando sus lágrimas.
Julia respondió entre sollozos:
—Solo tengo ganas de llorar.
—Siempre llorando —dijo Andrés, mientras le acercaba un pañuelo para secarle las lágrimas.
Esto hizo que Julia se sintie