Andrés no respondió a esa declaración, simplemente dijo:
—Sé una buena señora Martín y nadie te molestará.
Julia rió,
—Pero eso no me interesa.
Andrés frunció el ceño mientras la miraba fijamente.
Los dos se quedaron en silencio, mirándose el uno al otro en la oscuridad.
La mirada de Andrés era profunda.
Julia siempre sintió que había algo en sus ojos, así que no pudo evitar preguntar:
—Andrés, ¿puedo hacerte una pregunta?
—¿Qué?
—Si te diera la oportunidad, ¿estarías dispuesto a dejar a Alic