Julia miró la piscina y, sin molestarse en responder, dio un paso para irse.
—¡Julia! —Irene la agarró de la mano— No te vas a ir.
Julia frunció el ceño. —Irene, ya te lo he dicho, no tengo ninguna cuenta pendiente contigo. Si sigues molestándome o me lastimas, llamaré a la policía.
—Ya te dije que lo hagas. Si puedes lastimarme, adelante. Quiero ver qué abogado se atreverá a tomar tu caso.
Bajó la voz con tono arrogante. —Sin mi Andrés, no eres nada.
Al instante siguiente, entre todas empujaron