Javier se quedó atrás. Julia vio que todo el grupo mostraba miradas de temor. Sin duda, todos la pasarían mal. Julia cerró los ojos y fue sacada del reservado en brazos de él. La dejaron en un banco al lado de la calle. Un guardaespaldas le trajo ungüento a Andrés, quien lo abrió, tomó un poco con un hisopo y lo aplicó en el rostro de ella.
Julia soltó un grito de dolor.
—¿Usaste un cuchillo hace un momento? —Andrés alzó la mirada para verla.
Julia asintió.
—¿Querías matar a ese hombre? —pregunt