—¿Cuándo me perdonarás entonces? —preguntó Andrés abrazándola, con una mirada suplicante.
Julia se apartó un poco y dijo suavemente: —Primero cortéjame. Cuando tus cambios me satisfagan, te perdonaré.
—De acuerdo —Andrés aceptó, abrazándola como un oso y susurrando en su oído—. Cuando salgas del trabajo, tengamos una cita.
Julia, con el corazón agitado, preguntó: —¿A dónde iremos?
—A cenar, al cine, a donde sea. Lo importante es estar juntos.
—¿Puedes esperar a que termine mi trabajo? —dijo ella