Quizás, al principio se había acostumbrado a ser autoritario con ella y como Julia siempre lo escuchaba, él se habituó a resolver los problemas de esa manera. Pero ahora entendía que a ella le molestaba mucho que la tratara como una niña o una posesión.
— Dejémoslo así, ya es pasado. Volvamos, puede que ya sea nuestro turno — dijo Julia, llamándolo para regresar.
Ella estaba de pie frente al edificio blanco, con el sol iluminando su rostro, que en ese instante parecía resplandecer con una bellez