—¿De qué te avergüenzas?— preguntó Andrés mirándola con ojos peligrosos.
Él confundió su nerviosismo con vergüenza. Julia, frustrada pero sin atreverse a admitir su inquietud, dijo: —Me miras como si quisieras devorarme, claro que me asusta.
—Es que quiero devorarte, — admitió él sin ocultar su deseo. Levantó su barbilla y dijo con voz ronca: —Si no fuera porque aún no te has recuperado del todo, ya lo habría hecho.
Julia se estremeció asustada.
Al segundo siguiente, él la besó.
Julia, deseando