Julia secó sus lágrimas y le dijo a Luz: —Luz, por favor ayúdame a aplicar la pomada.
—Claro—, Luz la trató como a una niña pequeña, tomó un bastoncillo de algodón y le untó la pomada, aconsejándole: —Señora, sea obediente hoy. El señor ha dicho que debe quedarse en casa y no salir a ninguna parte.
—Entendido—, respondió Julia apagada. De todos modos era sábado, así que no tenía problema en quedarse.
Al mediodía, Andrés llamó a Luz para preguntar cómo estaba Julia.
—La señora está bien, ya le pu