—Sí, prima, deberías hablar con tu esposo y pedirle que deje de atacar a mi papá. Somos familia y deberíamos apoyarnos mutuamente,— instó Gina, ofreciéndole el teléfono a Julia para que llamara a Andrés.
Julia soltó una risa fría y tomó un trago de agua. —Gina, si tanto te preocupa tu papá, ¿por qué no te sacrificaste tú misma y fuiste a acompañar a Felipe anoche?
El rostro de Gina se volvió sombrío. —¡Julia! ¿Qué insinúas? ¿Cómo podría yo ir a estar con un hombre tan despreciable?
—¿Ahora tambi