—Hola Holly. —Sonríe—. ¿Cuál es tu incomodidad? —Se levanta de su escritorio—. Por favor siéntate. —Era más una orden que una petición
—No gracias, será rápido. —El profesor asiente y camina al frente de su escritorio, se recuesta en él y la mira con deseo, se la come con la mirada de arriba abajo.
—Muy bien, entonces cuéntame, ¿en qué puedo ayudarte? —Ella se incomoda por la mirada morbosa que le ofrecía él.
—Quisiera saber… —Tocan la puerta y él profesor se exaspera.
—¡Pase! —No tenía opción