LINDA.
—No te atrevas ponerle un dedo encima —la piel se me eriza al escuchar su voz, mi corazón salta de alegría, giró la cabeza hacia él. —Estás bien amor —asiento.
—¡Oh! Mira quien se atrevió dar la cara, que se siente ser traicionado por la mujer que según amas.
—No sé dímelo tú, yo no he sido traicionado por la mujer que amo. Sabía cada movimiento que ella daba y no solo eso, ella me habló de tus planes y lo cobarde que fuiste —miró a Jarrell quien se para junto a mí.
—Yo no hablo de ella