—No necesito de tu protección imbécil, yo puedo arreglármelas sola . —lo desafié con ira.
—Adelante, quédate, pero si él regresa por ti, te la arreglarás sola porque no pienso venir de nuevo, niña estúpida. —escupió con rabia.
—Iré contigo, pero jamás dormiría en la misma cama que tú. —dije y lo miré fijamente. —, dormirás en el piso.
—Cómo digas, vamos, más tarde envío a alguien por tus cosas—dijo con tono autoritario y yo asentí.
Salimos a un largo pasillo, en el que había numerosas puerta