Perro.
Al final del muelle estaba él, sentado en una manta roja que contrastaba vívidamente con las desgastadas tablas de madera. La brisa marina ondeaba suavemente la tela, creando pequeñas olas de color carmesí. Había dispuesto sobre ella unas copas de cristal fino que brillaban bajo la luz de la luna, una botella de vino tinto que parecía prometer una noche especial, cojines bordados con motivos marinos y una selección de dulces que desprendían un aroma tentador a chocolate y vainilla. El mar estab