Mi libertad.
Los ojos azules de Luca se encontraron con los míos, y noté al instante cómo se oscurecían, mostrando una mezcla de decepción, enojo y tristeza. Mis propios ojos se humedecieron, amenazando con derramar todas las lágrimas que había estado conteniendo. No salían palabras de mi boca, no podía articular ninguna, y por lo visto, Alec tampoco.
—No sé qué hago aquí —dijo Luca, riendo con ironía—. Si a ti no te importa —afirmó.
—¿Luca? —dijo Alec, vacilando un momento—. ¿Acaso tú estás enamorado de Ad