La convirtió...
Puedo jurar que sentí grandes punzadas al escucharme pronunciar esas simples y dolorosas palabras. Pero eran necesarias. Él debía alejarse de mí, mantener la distancia. Debíamos estar así: él en su mundo de lobos, ejerciendo su liderazgo, y yo con mis entrenamientos de híbrida, asumiendo mi lugar como reina de los ángeles.
—Adalyne… —me llamó—. Ni en batalla había sentido tanto dolor como el que me causaron tus palabras.
—Debo ser justa y sincera, y eso estoy haciendo —dije con dureza. No era m