36. El desencanto (L2)
Al día siguiente, el sonido del despertador rompió la serenidad de la habitación de Herseis, marcando el comienzo de una nueva jornada. A pesar de la noche anterior y la decepción que aún pesaba en su corazón, se obligó a levantarse. Sabía que tenía que prepararse para su trabajo en el Banco Leona. Este empleo era una oportunidad importante para ella, una nueva etapa en su vida que estaba determinada a aprovechar, a pesar de las desilusiones personales que enfrentaba.
Se vistió con su uniforme,