El aire matutino traía el mordisco fresco del otoño cuando salí por la puerta, mi suéter ajustado contra mí. Por un segundo, esperé ver a Taylor apoyado contra la farola al otro lado de la calle, su media sonrisa habitual esperándome, como siempre hacía. Pero el espacio estaba vacío, solo la pálida extensión de la acera recibiendo la luz temprana del sol.
Dudé, mirando a izquierda y derecha. Nada.
El pensamiento se formó casi de inmediato: debe estar evitándome por lo de ayer. La cafetería. Dam